- Cariño! ¿Crees que estoy gorda? - Sí. - Cariño, tú nunca me dices cosas dulces. - ¿Para qué? ¿Para que te las comas?
- Cariño! ¿Crees que estoy gorda?
- Sí.
- Cariño, tú nunca me dices cosas dulces.
- ¿Para qué? ¿Para que te las comas?