El catalán más tacaño no podía ser ya, de hecho caminaba y no quería ponerse al sol para no dar sombra. Era tan avaro que por no dar, no daba ni las gracias.
El catalán más tacaño no podía ser ya, de hecho caminaba y no quería ponerse al sol para no dar sombra. Era tan avaro que por no dar, no daba ni las gracias.