Entra una viejita de sesenta y ocho años a una farmacia temblando toda como si hubiese en pleno terremoto. Se acerca al farmacéutico, no paraba de temblar la pobre, y le dice:
- Señor, ¿ustedes venden vibradores?
- Si señora, ¿quiere comprar uno?
- No, sólo quiero saber cómo se apaga.