Había una vez un hombre viudo que se llamaba Curro y tenía 4 perros para hacerle compañía. Los perros eran tan, tan pesados que no paraban de ladrar por la noche. Por mala suerte Curro, de vecino tenía un chino que se iba a trabajar muy temprano. El pobre chino no podía dormir por las noches, así que decidió ir a denunciar a Curro y sus perros. Va y dice: Señol policía eke eke no me dejan dolmil. Y dice el policía: - Y señor quién no le deja dormir. - Los pelos del сulо no me dejan dolmil. ("Gracia: los chinos no saben pronunciar la r")
Había una vez un hombre viudo que se llamaba Curro y tenía 4 perros para hacerle compañía. Los perros eran tan, tan pesados que no paraban de ladrar por la noche.
Por mala suerte Curro, de vecino tenía un chino que se iba a trabajar muy temprano. El pobre chino no podía dormir por las noches, así que decidió ir a denunciar a Curro y sus perros. Va y dice:
Señol policía eke eke no me dejan dolmil.
Y dice el policía:
- Y señor quién no le deja dormir.
- Los pelos del сulо no me dejan dolmil.
("Gracia: los chinos no saben pronunciar la r")