Los vecinos de Jaimito se reían siempre de él соn un juego. Se trataba de que le ofrecían a elegir entre una moneda de 50 céntimos y ot ra de un euro. Jaimito siempre se llevaba la de menor valor, porque era dorada, y así los otros niños no paraban de reírse de él. La madre de Jaimito, un poco harta, le dijo un día: - Jaimito, cariño, ¿por qué no te quedas соn la moneda de un euro?. Aunque no sea dorada vale más que la otra. - Fácil, mamá. Si me llevase la otra dejarían de jugar a ese juego conmigo. ¡Y de esta forma he ganado ya más de 50 euros!
Los vecinos de Jaimito se reían siempre de él соn un juego. Se trataba de que le ofrecían a elegir entre una moneda de 50 céntimos y ot ra de un euro.
Jaimito siempre se llevaba la de menor valor, porque era dorada, y así los otros niños no paraban de reírse de él. La madre de Jaimito, un poco harta, le dijo un día:
- Jaimito, cariño, ¿por qué no te quedas соn la moneda de un euro?. Aunque no sea dorada vale más que la otra.
- Fácil, mamá. Si me llevase la otra dejarían de jugar a ese juego conmigo. ¡Y de esta forma he ganado ya más de 50 euros!