-¡ Socorro! ¡Sálveme!
- Grita el infeliz que está dentro del lago.
- Un momento. Si quiere que le salve, dígame dónde trabaja. Se lo dice y echa a correr.
- Señor, vengo a solicitar el puesto de un empleado suyo que acaba de morir ahogado.
- Lo siento, pero ya se lo he dado al que le empujó.