Una señora que pertenece a una asociación benéfica consigue arrancarle un cheque para una obra benéfica a un avaro riquísimo. ¡Pero cuando lleva el cheque al banco, se percata de que no está firmado! Vuelve a casa del avaro y le hace saber que se ha olvidado de firmarlo.
-¿ Qué pasa, señora? ¿Es que nunca había oído hablar de las donaciones anónimas?
- Le responde él.