Una señora le dice al médico:
- Verá, doctor, me tiro muchísimos pedos, aunque ni se oyen ni huelen mal. Piense que aquí, en la consulta, ya me he tirado unos veinte.
- Tómese esta medicina y vuelva de aquí a tres días. Tres días más tarde vuelve la señora y dice:
- Doctor, no sé qué era lo que me dio, pero de repente mis pedos, aunque siguen sin oírse, se han vuelto malolientes. Dice el doctor satisfecho:
- Bien, ahora que ya hemos curado su problema de olfato, pasaremos a su oído.