– Dos amigos charlaban acerca de la esposa del primero: – ¡No sé qué hacer amigo!, ya no logro excitar соn nada a mi mujer, y ¡ya lo he intentado todo! – Mirá, a cada mujer hay que excitarla de forma diferente, pero hay algo que sirve para todas por igual: Los aromas. – Y eso como es? – Hoy llega lo más tarde posible a tu casa, para que tu mujer esté dormida; соn mucho cuidado, levantas las sábanas y metes la mano en medio de sus piernas. – Después, te pasas la mano por el rostro, para que se impregne de su aroma, ¿me entendiste? – ¡Sí!, no hay problema. – Esa noche, casi en completa oscuridad, el señor sigilosamente se mete a la cama y соn la delicadeza que la misión amerita, introduce lentamente la mano por entre las piernas de su esposa, acto seguido frota соn intensidad su rostro y se aproxima al oído de su amada. – ¿Mi amooor…?, ¿mi chiquiiita..? – La mujer solamente cambia su posición, pero sin despertar. – Nuevamente el animoso esposo, repite la operación, pero ahora соn más intensidad. – ¿Mi cuchi-cuuuchi..?, ¿mamiiita…? – Esta vez la esposa lentamente despierta y соn un pesado movimiento enciende la luz de la lámpara. Se queda viendo unos segundos fijamente a su esposo y exclama: – ¿Y ahora…?, ¿quién te rompió la cara?
– Dos amigos charlaban acerca de la esposa del primero:
– ¡No sé qué hacer amigo!, ya no logro excitar соn nada a mi mujer, y ¡ya lo he intentado todo!
– Mirá, a cada mujer hay que excitarla de forma diferente, pero hay algo que sirve para todas por igual:
Los aromas.
– Y eso como es?
– Hoy llega lo más tarde posible a tu casa, para que tu mujer esté dormida; соn mucho cuidado, levantas las sábanas y metes la mano en medio de sus piernas.
– Después, te pasas la mano por el rostro, para que se impregne de su aroma, ¿me entendiste?
– ¡Sí!, no hay problema.
– Esa noche, casi en completa oscuridad, el señor sigilosamente se mete a la cama y соn la delicadeza que la misión amerita, introduce lentamente la mano por entre las piernas de su esposa, acto seguido frota соn intensidad su rostro y se aproxima al oído de su amada.
– ¿Mi amooor…?, ¿mi chiquiiita..?
– La mujer solamente cambia su posición, pero sin despertar.
– Nuevamente el animoso esposo, repite la operación, pero ahora соn más intensidad.
– ¿Mi cuchi-cuuuchi..?, ¿mamiiita…?
– Esta vez la esposa lentamente despierta y соn un pesado movimiento enciende la luz de la lámpara.
Se queda viendo unos segundos fijamente a su esposo y exclama:
– ¿Y ahora…?, ¿quién te rompió la cara?