"¡Encierreme, Oficial! --le suplicó соn tartalosa voz un ebrio al guardia de la cárcel-, ¡Le avente un martillo a mi mujer!". "Y le pegó?" -preguntó el gendarme. "No, -contesta tembloroso el borrachin-. ¡Por eso quiero que me encierre!"
"¡Encierreme, Oficial! --le suplicó соn tartalosa voz un ebrio al guardia de la cárcel-, ¡Le avente un martillo a mi mujer!". "Y le pegó?" -preguntó el gendarme. "No, -contesta tembloroso el borrachin-. ¡Por eso quiero que me encierre!"