En un vagón de tren viajan una gorda, una rubia guapísima, un alemán y un andaluz. De pronto el tren se mete en un túnel y se queda el vagón a oscuras. Entonces se oye un guantazo enorme: ¡ZASCA!
El tren pasa el túnel y vuelve la luz. Los cuatro pasajeros se quedan pensando en lo que ha podido ocurrir.
A) La gorda piensa: Seguro que el andaluz le ha metido mano a la rubia, la rubia se ha mosqueado y le ha dado un guantazo.
B)La rubia piensa: Seguro que el andaluz ha intentado meterme mano, se ha equivocado y la gorda le ha dado una ostia.
C) El alemán piensa: Seguro que el савrón del andaluz le ha metido mano a la rubia, la rubia se ha equivocado y me ha dado la ostia a mí.
D) El andaluz piensa: A ver si llega otro túnel, nos quedamos a oscuras, que si no no hay quien se duerma la siesta a gusto...
El arzobispo manda a un cura de Granada, para que vaya a Sevilla a cubrir una baja de tres semanas en una parroquia sevillana. El cura acepta el puesto, pero muy a disgusto porque odia a muerte a Sevilla y a los sevillanos.
El primer día, empieza su misa соn Adan y Eva, соn una mala follá que a duras penas podía reprimir:
- Empecemos соn el Génesis… Adán, ese hombre casto, virtuoso… del barrio de la Chana de Granada. Y Eva… esa mujer perversa, encarnación del mal… del barrio de la Macarena de Sevilla…!!!
Y así todo el rato, para el asombro e indignación de los feligreses. A la semana siguiente, el cura vuelve a las andadas:
- Continuamos соn el Génesis… Abel, ese hombre honrado, trabajador, un dechado de virtudes… del Zaídín, de Granada. Y Caín, hombre depravado, violento, asesino por naturaleza… del barrio de Triana, de Sevilla…!!!
Al acabar la misa, los feligreses salen indignados, y sus quejas acaban llegando a oídos del arzobispo, que llama al cura a su presencia, y le reprende:
- Hombre, esto no puede ser. Entiendo que tienes tus recelos contra los sevillanos, pero estás dando misa y no puedes decir lo que quieras. Sólo te queda una semana, así que mantén la templanza.
El cura, a regañadientes, le da la razón. Al día siguiente, en misa, está más cabreado que nunca, y decide pasar directamente a la Última Cena:
- Y Jesús le dice a los apóstoles:
- «En verdad os digo, que uno de vosotros me traicionará». Todos ellos, sorprendidos, van preguntando, primero Pedro:
- «¿Seré yo, maestro?», luego Juan: ¿Seré yo, mi señor», y así hasta llegar al miserable Judаs Iscariote, que dice… «¿Seré yo, mi arma????»