Un gondolero veneciano llega a su casa hecho polvo y se lamenta ante su mujer:
-¡ Ay, si supieras qué me ha pasado! Un turista americano me ha pagado quinientos euros para que lo paseara todo el día en góndola.
- Ah, pues muy bien, ¿no?
-¿ Bien, dices? ¡El tío quería hacer esquí náutico!