Últimos chistes divertidos

Estaban unos compadres de campo, de visita en la ciudad.
De repente les empezó a dar hambre ya como a las 3 de la tarde y comenzaron a buscar un restaurante en donde comer.
Entonces encontraron un lugar llamado:
"Restaurante pida соn poesía y se les atenderá соn cortesía."
Los compadres decidieron entrar al lugar y comer ahí.
Se sentaron en una mesa y comenzaron a hablarle a los meseros, pero estos no les hacían caso.
Pasó un mesero a su lado y los compadres decían:
"Mesero, mesero..."
Y no les hacían caso.
Pasó otro mesero y los compadres:
"¡mesero, mesero!"sin obtener respuesta alguna.
Los compadres ya furiosos al sentirse desplazados por ser del campo, están a punto de abandonar el lugar cuando de pronto entra al restaurante un señor ya grande соn una jovencita y se sientan en una mesa junto a los compadres.
El señor alza la mano y grita:
"¡lero, lero... Señor mesero!"
El mesero llega al punto:
"A sus ordenes ilustre caballero... Aquí está su mesero, que los atiende соn esmero."
El señor dice:
"Para mi sobrina, cuyo nombre es Josefina, traiga un caldo de gallina... Y para mi, que me llamo José, traiga una taza de café."
El mesero apuntó la orden y se retira.
Los compadres asombrados, entienden de que se trata el asunto y después de un momento de ponerse de acuerdo deciden poner en practica lo escuchado:
"Lero lero... ¡¡mesero ****!!
Se acerca un mesero inmediatamente:
"A sus ordenes, pinches rancheros"
"Para mi compadre una carne asada, hijo de la chingada... y para mi, unos huеvоs соn jamón, grandísimo ****."
El mesero, queriendo devolver los insultos remata:
"¿соn ensalada, hijos de la chingada...?"
"Si, pero sin vinagre, ¡¡¡¡¡¡hijo de tu рinсhе madre!!!!!!!!!!!
Llevan a Emily de emergencia al hospital pues ha sufrido un paro cardíaco. La llevan de inmediato al quirófano, y en medio de la operación, Emily tiene una experiencia de ultratumba. Se ve así misma caminando por el famoso túnel y al final esta Dios esperándola. Al verlo Emily le dice:
- Dios mío, te agradezco la vida que me diste, a pesar de que muero a los 62, no tengo de que quejarme.
Dios le contesta:
- Emily, aún te quedan 40 años de vida, disfrútalos.
Al oír esto Emily despierta en su cuarto de hospital. Allí decide que si va a vivir 40 años más, pues se los disfrutará. Se hace una cirugía plástica, se pone implantes de silicona, se hace liposucción, en fin queda como una joven de 20. Al fin es dada de alta del hospital y al salir, viene una ambulancia y la mata.
Llega Emily de nuevo frente a Dios y le dice:
- Señor, me dijiste que viviría 40 años más.
A lo que Dios le contestó:
- Ay, perdóname Emily, fue que no te reconocí.