Últimos chistes divertidos

Un hombre va al cielo y le preguntan:
¿ Nombre y apellidos?
Manolo Gutiérrez.
Vaya por Dios, no me aparece en pantalla.
Pero, ¿Y eso?, si yo he sido muy bueno, muy bueno.
Pues no sé, va a tener usted que pasar por el infierno.
Pero, jоdеr, si yo...
Nada, nada, ya le digo que su nombre no aparece en la pantalla, y por favor no nos interrumpa que tenemos mucho lío.
Llega al infierno:
¿ Nombre y apellidos?
Manolo Gutiérrez.
Uhm, no aparece en pantalla, va tener usted que pasar por el purgatorio.
Pero oiga, ¿Qué dice?
Sí, sí y además no me entretenga, ¿No ve que estoy ocupado?
Llega al purgatorio.
¿ Nombre y apellidos?
Manolo Gutiérrez.
No, no parece en pantalla, tiene usted que reencarnarse. Puede elegir entre un rinoceronte del Congo o una gallina andaluza.
Pero...
Ni pero ni leches, a reencarnarse ya mismo.
De repente Manolo que aparece en una granja (convertido en gallina) entre otras dos gallinas.
Esto, ¿También reencarnación?
Sí, ¿Y aquí, qué hay que hacer?
Pues poner huеvоs.
¿ Y eso?
Sino te pasan a la sala de despiece.
¿ Y cómo ponen huеvоs?, yo no he puesto huеvоs en mi vida.
Apretando.
¿ Apretando?
Sí, sí, sí, aprieta.
Gghrmhnrrrmeegrnmnmgreggmmh...
¡ Manolo! ¡Manolo! ¡Despierta que te estas cagando!
Un empresario multimillonario tenía entre sus múltiples valores, miles de hectáreas de tierras fértiles, cientos de miles de cabezas de ganado fino y una preciosa hija de 18 años heredera de todas sus riquezas. Un día nuestro millonario organizó una reunión en su mansión a la cual invitó a toda la alta sociedad del país, y al llegar la media noche, descubrió una piscina de 500 metros соn las paredes extra altas en tres de sus lados, en los primeras 100 metros de la piscina había colocado pirañas sudamericanas, en el segundo tramo cocodrilos del Africa, luego barracudas del caribe, después anguilas eléctricas y finalmente tiburones australianos.
Nuestro hombre reunió a todos sus invitados en uno de los extremos de la piscina y les dijo:
Creo que la juventud está perdida, ya no hay hombres en este mundo, por eso si hay un macho en esta fiesta, lo reto a cruzar esta piscina. Al que lo haga le daré a escoger entre la mitad de mis tierras, el 50% de mi ganado o la mano de mi única hija y heredera. No había terminado de hablar el empresario cuando un joven se lanza a la piscina, la cruzó y salió por la otra orilla, el viejo emocionado le dijo:
Nunca creí ver valor como éste antes de morir, dime muchacho, ¿Quieres la mitad de mis tierras?
No, contestó rápidamente el joven.
Entiendo lo que quieres, es el 50% de mi ganado, razonó el millonario.
Tampoco, replicó el joven.
Ah, lo que quieres es ser mi yerno, y único heredero.
No quiero nada de eso, grito el muchacho.
Y entonces, ¿Qué quieres? Preguntó confundido el millonario.
Quiero saber, ¿Quién fue, el que me empujó a la piscina?