-¿ Qué haríamos las mujeres sin los hombres? Sencillo, domesticar cualquier otro animal.
-¿ Por qué los hombres se sientan соn las piernas abiertas? Por que no pueden destripar su cerebro.
- Tengo tres animales domésticos que cumplen la misma función que un marido : un реrrо que gruñe por la mañana, un loro que suelta palabrotas toda la tarde y un gato que llega a casa muy tarde por la noche.
-¿ Qué le pasa a un hombre cuando tiene aserrín en el hombro?
Tiene un derrame cerebral.
-¿ Por qué existen los hombres? Por que los consoladores no invitan a copas.
-¿ En qué se parece un florero a un hombre? en que solo parado sirve.
- Sabes cómo herir el ego a un hombre; solo exclamas, !Ahhhh, pero ya está dentro!
-¿ En qué se parece un hombre y una computadora? En que a la media hоrа se les cae el sistema.
-¿ Por qué una mujer luego de hacer el amor соn un hombre se tira al suelo? para sentir algo durо.
-¿ Por qué los hombres prefieren a las mujeres vírgenes? Porque no soportan las críticas.
-¿ Por qué los hombres quieren tanto a su auto? Porque es lo único que pueden manejar.
-¿ Por qué un hombre no puede ser simpático e inteligente a la vez? Porque sería mujer.
- Los hombre son como los magos, echan unos pocos polvos y desaparecen.
-¿ En qué se parece un hombre a un microondas? En que al principio piensas que vale para todo y al final sólo sirve para calentar.
Un chico de quince años llegó a su casa соn un Porsche y sus padres empezaron a gritar exasperados:
-¿ De dónde sacaste ese auto?
El chico tranquilamente les dijo:
- Lo compré hoy.
-¿ Соn qué dinero?, exigieron saber sus padres. ¡Nosotros sabemos lo que cuesta un Porsche!
- Bueno, dijo el chico, éste en particular me costó 15 dólares.
Entonces los padres empezaron a gritar aún más fuerte.
-¿ Quién vendería un auto como ese por quince dólares?
- Fue la señora que vive subiendo la calle, dijo el muchacho. Yo no sé su nombre, se acaban de mudar. Ella me vió pasar en mi bicicleta y me preguntó si quería comprar un Porshe por quince dólares.
-¡ Oh Dios mío!, exclamó la mujer, ella tiene que ser una abusadora de menores. ¿Quién sabe que hará después? Juan, ve enseguida para allá y mira qué es lo que está pasando.
Así que el padre del chico subió la calle hasta la casa donde la señora vivía y la encontró afuera en el patio tranquila plantando petunias. Él se presentó a sí mismo como el padre del chico, a quien ella había vendido el Porsche, y le exigió saber por qué lo habia hecho.
- Bueno, le dijo ella, esta mañana recibí una llamada de mi esposo. Yo pensé que estaba en un viaje de negocios, pero supe por un amigo que él había huído hacia Hawaii соn su secretaria y que realmente no piensa regresar...
Me dijo que estaba desesperado y me pidió que vendiera su Porsche nuevo y le enviara la mitad del dinero. Así lo hice.
El café es importante
Dos leones huyeron del jardín zoológico. En la huída cada uno partió соn rumbo diferente. Uno fue para la selva y el otro para el centro de la ciudad. Los buscaron por todos lados, y nadie los encontró. Después de un mes y para sorpresa de todos, volvió el león que había huído para la selva. Regresó flaco, famélico y afiebrado.
Fue reconducido a la jaula.
Pasaron ocho meses y nadie se acordó del león que había partido para el centro de la ciudad hasta que un día el león fue recapturado y llevado al zoo. Estaba gordo,sano,vendiendo salud.
Al ponerlos juntos , el león que huyó para la selva le pregunta a su colega:
-¿ Cómo estuviste en la ciudad tanto tiempo y regresas tan bien de salud? Yo que fuí a la selva, tuve que regresar porque casi no encontraba que comer.
El otro león le explicó:
- Me armé de coraje y fuí a esconderme a una Repartición Pública. Cada día me comía a un funcionario y nadie advertía su ausencia.
-¿ Y por qué regresaste? ¿Se acabaron los funcionarios?
-¡ Nada de eso! Los funcionarios públicos nunca se acaban. Sucede que cometí un error gravísimo. Ya había comido a un director general, dos superintendentes, cinco adjuntos, tres coordinadores, diez asesores, doce jefes de sección, quince jefes de sección, cincuenta secretarias, docenas de funcionarios, y nadie los dió por faltantes.
Pero el día que me comí al cadete que servía el café... se pudrió todo!