Un reo, condenado a cadena perpetua por asesinato en primer grado, se escapa después de pasar 25 años en la cárcel. Al huir, entra a una casa en la que duerme una joven pareja.
El reo ata al hombre a una silla y a la mujer a la cama.
A continuación, acerca su rostro al cuello de la mujer, luego se incorpora y sale de la habitación.
Inmediatamente, arrastrando la silla, el marido se acerca a su esposa y le dice:
- Mi amor, este hombre no ha visto a una mujer en años. Lo vi besando tu cuello y aprovechando que salió, quiero pedirte que cooperes соn él y hagas todo lo que te pida. Si quiere tener sеxо contigo, no lo rechaces y finge que te gusta. No lo hagas enojar.
Nuestras vidas dependen de ello!. Se fuerte, mi vida; yo te amo.
La joven esposa le dice al marido:
- Querido, estoy complacida de que pienses así. Efectivamente, ese hombre no ha visto a una mujer en muchos años, pero no estaba besando mi cuello.
Estaba diciéndome al oído que tú le gustas y quería saber si guardábamos la vaselina en el baño. Se fuerte, mi vida; yo también te amo!
Conclusión:
Si no está informado verazmente, puede tener serios inconvenientes. La información pronta y exacta es fundamental para sortear соn éxito el ataque de la competencia desleal y así, evitar ingratas sorpresas.
Un hombre ciego entra en un "bar de chicas" por equivocación. Se las apaña para llegar hasta la barra y pide una copa, y tras estar un rato sentado en la tabureta le grita al camarero:
- Eh, tú, ¿te gustaría oír un buen chiste de rubias?
Inmediatamente se hace un silencio total en el bar y соn una grave, profunda y áspera voz, la mujer que esta sentada junto a el le dice:
- Antes de que cuente ese chiste, señor, y en atención a su minusvalía física que le impide ver, creo que lo justo es que le advierta de cinco cosillas: Que la camarera es rubia. Que el portero del bar es una mujer rubia. Que yo mido un metro ochenta, peso 80 kilos, soy cinturón nеgrо de kárate y tengo el pelo rubio. Que la mujer que esta conmigo es levantadora de pesas y es rubia; y que la dama que esta sentada al otro lado de usted es una luchadora profesional y también es rubia. Y ahora que sabe eso, piénselo cuidadosamente. ¿De verdad todavía quiere contar ese chiste?
El ciego piensa durante un par de segundos, menea la cabeza y contesta:
- Naaa... Pues no lo cuento... Paso de tener que explicarlo cinco veces!