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Dos tipos que van sentados juntos en el tren se ponen a hablar para matar el aburrimiento:
- ¿Y tú a qué te dedicas?
- Yo soy músico, toco el violín.
- Anda, qué casualidad, yo también soy violinista. El mejor de España, por cierto.
- ¿Tú el mejor de España? ¡Ja! Que sepas que yo soy un violinista internacionalmente reconocido.
- Pues mira, no es por presumir pero yo toco tan bien, que cuando toco en mi la iglesia de mi pueblo, en Castellón, la Virgen de madera llora. ¡Lágrimas de verdad!
- Puf, eso no es nada. Fíjate, el otro día toqué en la iglesia de Santa María del Mar, y lo hice tan bien que bajó Jesucristo de la cruz, me abrazó emocionado y me dijo:
- «Eso es tocar el violín, no como el que toca en Castellón, que hace llorar a mi madre».
El cura le dice a Jaimito en el confesionario:
- Jaimito, ¿quién está robando el dinero del cepillo de los domingos?.
- Padre, no le oigo nada.
- No te hagas el sordo Jaimito, sé que me escuchas.
- ¿Qué, padre?, ¿qué dice?.
- Jaimito, ¿fuiste tú quien lo robó?.
- Padre, no le oigo.
- Jaimito, ponte en este lado y me preguntas tú. Así te demostraré que sí que se oye.
- De acuerdo, padre.
Se cambian de posición, y Jaimito le pregunta al cura:
- Padre, ¿quién se está tirando a la hija del panadero de la esquina?.
- Pues es verdad que no se oye nada de nada...
En cierta ocasión una familia inglesa pasaba sus vacaciones en Escocia, y en uno de sus muchos paseos observaron una pequeña casita de campo que de inmediato les pareció adecuada para su próxima temporada. Indagaron quién era el dueño de ella, y resultó ser un pastor de la Iglesia Anglicana, al que se dirigieron para pedirle que les mostrara la finca. El propietario amablemente así lo hizo; y tanto por su comodidad, como por su situación, la casa fue del agrado de la familia, que quedó comprometida para alquilarla en sus próximas vacaciónes.
Ya de regreso en Inglaterra, repasaron debidamente los detalles de cada habitación, y recordó la esposa que no había visto el W. C. Dado lo prácticos que son los ingleses, decidieron escribir al propietario preguntándole por la ubicación de tan indispensable servicio, lo que hizo en los siguientes términos:
- Estimado Pastor: soy miembro de la familia que hace unos días visitó su quinta соn deseos de arrendarla para nuestras próximas vacaciones y omitimos enterarnos de un detalle. Quiero suplicarle nos indique dónde queda el W. C.
Finalizó la carta como es de rigor, y la despachó al Reverendo quien, al recibirla, desconoció la abreviatura W. C. y creyó que se trataba de la capilla de la religión anglicana llamada WALL CHAPEL y contestó:
- Estimada Sra.: tengo el agrado de informarle que el lugar al que Ud. se refiere se encuentra a 12 Km. de casa, lo que es algo molesto, sobretodo si se tiene la costumbre de ir соn frecuencia. Algunas personas llevan comida y permanecen allí todo el día. Algunos vienen a pie y otros en tranvía, por lo que siempre llegan en el instante preciso. Hay lugar para 400 personas cómodamente sentadas y 100 de pie. Los asientos están forrados en terciopelo rojo, y hay aire acondicionado para evitar los efectos de las aglomeraciones. Se recomienda llegar temprano para conseguir lugar. Mdi mujer, por no hacerlo así, hace algunos años tuvo que soportar el acto de pie, y desde entonces no ha ido más a estos servicios.
Los niños se sientan juntos y cantan todos a coro. A la entrada se le da un papel. Las personas que no alcanzan a la repartición del papel, pueden utilizar el papel del compañero de asiento; pero al salir debe devolverlo para seguir utilizándolo el resto de la temporada. Todo lo que dejan depositado los que allí acuden, se destina para dar de comer a los pobres huérfanos del lugar. Además hay fotógrafos especiales que toman fotografías a la gente en distintos poses, y luego estas son publicadas en los diarios de esta ciudad, en la sección "sociales", sirviendo a la propaganda de este saludable y santo sitio.
Una joven llega al confesionario, el cura escucha el crujir de la madera y abre la ventana.
- Ave Maria Purisima.
- Sin pecado concebida, Padre.
- Acúsome Padre de estar соn mi novio y de que me besó apasionadamente.
- Bueno, te besó apasionadamente, ¿y qué más?.
- Me dejé llevar y me besó las tetas.
- Bueno, te besó las tetas, ¿pero qué más?.
- Luego me hizo el amor.
- Bueno, te hizo el amor, ¿pero qué más?.
- En un descuido me dio vuelta y me rompió el сulо.
- Bueno, te rompió el сulо...
A lo lejos el monaguillo gritaba:
- ¡Padre Benancio lo llama el Obispo, es urgente!.
- No se vaya niña, nos quedamos en que le rompió el сulо, ¡eh!.
Como el cura demoraba, la chica se fue.
Luego, entra a confesarse un homosexual, justo en el momento en el que el cura ingresaba al confesionario.
El mariconsito se arrodilla y el cura abre la ventanita y le dice:
- Bueno, te rompieron el сulо, ¿y qué mas?.
El mariconsito sorprendido mira al cura y le dice:
- ¡¡¡Brujo!!!.
Una chica se acerca al confesionario en la iglesia.
- Buenos días, padre, soy Teresa. ¿Me recuerda?.
- ¡Teresa, mujer!. Dichosos los ojos. ¡Cuánto tiempo sin verte!.
- Sí, y me he sacado novio, padre.
- ¿Y es un buen muchacho?.
- Buenísimo, padre.
- ¿Trabajador?.
- Sí, muy trabajador, padre. Y muy cariñoso.
- ¿Ah, sí?. A ver, dime: ¿qué haces соn él?.
- Pues, los días de calor nos vamos a las playas alejadas, nos quitamos la ropa y nadamos, y chapoteamos, y nos abrazamos...
- ¿¿¿Desnudos???.
- Pues claro, padre.
- ¿Y no os vienen malos pensamientos?.
- Ah, sí, padre. Venir nos vienen. ¡Pero follamos y se nos pasan!.
Un cura y una monja estaban en un refugio, solos. En el refugio había una cama, una bolsa de dormir y un montón de mantas.
El cura, un caballero, le dice a la monja que duerma en la cama, y que él se tira en el suelo. Se mete en la bolsa de dormir, sube el cierre hasta arriba, y se dispone a dormir. En eso, la monja exclama:
- Padre, tengo frío.
Entonces, el cura baja el cierre de la bolsa, agarra una manta, se la coloca arriba de la cama, se mete dentro de la bolsa de dormir, y sube el cierre hasta arriba de todo. Cuando cierra los ojos la monja le dice:
- Padre tengo mucho frío.
El cura baja nuevamente el cierre, sale de la bolsa de dormir, agarra otra manta, se la coloca arriba de la otra, y nuevamente se mete en la bolsa, sube el cierre hasta arriba, y cierra los ojos para dormir.
Nuevamente se escucha la voz de la monja que le dice:
- Padre, ¡¡estoy congelada!!.
- Hermana, - contesta el padre - ya que estamos solos, lejos de la civilización, ¿usted tendría problemas en que hagamos como marido y mujer?.
La hermana соn voz coqueta le dice que no, a lo que el cura responde:
- Entonces levántate, anda a buscar la manta, ¡¡¡y no me rompas más las реlотаs!!!.
Un cura recién ordenado se confiesa por primera vez соn su obispo:
- Dime hijo mío ¿qué tal has llevado los votos durante esta tu primera semana?
- Verá eminencia, en cuanto a la pobreza he regalado mi hábito y me visto соn uno que ya había desechado, mis sandalias están rotas y llenas de agujeros y doy la mitad de mi comida a los pobres que vienen al comedor.
- Muy bien, hijo mío, muy bien, continúa.
- En cuanto a la obediencia hago cualquier cosa que me mande cualquier otro padre sin pensar en si es justo o adecuado, dando gracias al Señor por tener el privilegio de obedecer.
- Muy bien, hijo mío, excelente, excelente.
- Finalmente, eminencia, en esta semana he hecho el amor соn 37 mujeres.
El obispo casi se cae de la silla y соn ojos desorbitados pregunta:
- Pero ¡hijo mío! ¡¿y el voto de castidad?!
El curilla, asustado y соn cara de perplejidad responde:
- Pero... ¿no era voto de cantidad?