Un hombre mayor, italiano, que vivía en las afueras de Nápoles, fue a la iglesia local a confesarse.
Cuando el sacerdote abrió el tablero del confesionario, el hombre dijo:
- Padre... Durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer bonita golpeó a mi puerta y me pidió que la escondiera del enemigo. Así que yo la escondí en mi altillo.
- ¡Esa fue una cosa maravillosa que has hecho, hijo -contesta el sacerdote- No tienes la necesidad de confesar eso.
- No Padre, es que ella empezó a agradecerme соn "favores sexuales".
- Estando en gran peligro y bajo esas circunstancias, dos personas pueden estar muy tentadas a actuar así. Pero si lo sientes verdaderamente, estás perdonado de hecho.
- Gracias, Padre. Esa es una gran carga que le saca a mi alma. Pero tengo una duda más.
- ¿Y cuál es, hijo?
- ¿No cree que debería decirle que la guerra ha terminado?
La Sra. Donovan estaba caminando por una calle de Dublín cuando se cruza соn el padre Rafferty.
El padre le dijo:
- ¡Muy buenos días! No es usted la Sra. Donovan a quien case hace dos años?
Ella contestó:
- Efectivamente padre soy yo.
El sacerdote preguntó:
- ¿Y no han tenido niños aun?
Ella respondió:
- No padre, aun no.
El padre dijo:
- Bueno, yo estoy yendo para Roma la semana entrante así que prenderé una vela por usted y su esposo.
Contestó:
- Oh padre, muchas gracias.
Y ambos siguieron su camino.
Años más tarde se encontraron nuevamente. El sacerdote preguntó:
- Sra. Donnovan ¿cómo se encuentra usted ahora?
Ella contestó:
- Muy bien padre.
El padre preguntó:
- Por favor dígame, han tenido niños ya?
Ella respondió:
- Oh sí padre, 3 pares de mellizos y 4 criaturas más. En total 10.
El padre dijo:
- ¡Bendito sea el Señor! ¡Que maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?
Ella contestó:
- ¡ Camino a Roma a ver si puede apagar la vela que usted prendió!
Están Moisés, Jesús y un viejo jugando al Golf. Sale Moisés, y la bola se le va al agua. Se acerca al lago, hace que las aguas se abran, golpea, y hoyo en dos golpes. Le toca a Jesús. Golpea, y la bola se va al agua. Pero, cómo no, en vez de hundirse, flota. Se acerca Jesús andando por el agua, golpea, y hoyo en dos. Por último le toca al viejecito. Golpea, y la pelota va al agua. Pero justo antes de caer, sale un pez y coge la bola. antes de que vuelva el pez al agua una gaviota coge el pez y se lo lleva volando. aparece de repente un halcón, que asusta a la gaviota que en consecuencia suelta al pez, el cual a su vez escupe la bola, la cual describe una parábola que la lleva directamente al agujero, y hoyo en uno. Y dice Jesús:
- Mira, Papá.... Si empiezas a hacer de las tuyas lo dejamos, ¿eh?
Están en un bar un inglés, un alemán y un español tomando juntos unas copas. De pronto el inglés le dice a los otros dos:
- Oye, no os parece que el que está ahí en frente es igualito a Jesucristo?
- No digas tonterías, que va a ser Jesucristo, le responden el alemán y el español.
- Insiste el inglés. Que si, que sí. No veis que es igualito. La barba, la túnica……Estoy seguro que es Jesucristo.
Sin pensárselo un segundo, se levanta el inglés, se va hacia el hombre de la mesa y tanto le insiste, que el hombre le susurra al inglés:
- Escucha, efectivamente soy Jesucristo, pero te pido por favor que hables bajito y no se lo digas a nadie porque como los demás se enteren me vas a formar un escándalo impresionante en la cafetería
Entonces, el inglés,lосо de contento le dice bajito al oído:
- Mira tengo una lesión en la espalda que me hice de pequeño haciendo deporte. Por favor, cúrame.
Jesucristo le pone la mano sobre la espalda y le cura.
Acto seguido el inglés se va a su mesa y, claro, le cuenta el milagro al alemán y al español.
El alemán, sin poder contenerse, se levanta y va hasta la mesa de Jesucristo y le dice:
- Oye, que me ha dicho mi amigo que tú eres Jesucristo. Tengo un ojo de cristal, por favor cúrame.
Jesucristo le pone la mano en el ojo y se lo cura.
Entonces el alemán se va a su mesa y se lo cuenta a sus amigos.
Jesucristo empieza a pensar que en breves instantes aparecerá por allí el español queriendo, como todos, que le cure, pero pasa el tiempo y el español no va. Entonces Jesucristo, ya mosqueado y picado por la curiosidad, se levanta y se va hacia la mesa donde están los tres y poniéndole una mano en el hombro al español le pregunta:
- Oye, ¿tú por qué no...?
Y el español salta de la silla y apartándose violentamente le dice:
- ¡¡¡¡Eh, eh, eeehhhh!!!! ¡¡¡¡Sin tocar….. Sin tocar,que estoy de baja!!!!