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Eran dos amigas que se encuentran por la calle y comienzan a hablar de sus vidas cotidianas.
La primera dice:
Aayy hija, mi marido me trata como una reina, nada me falta, me compra ropa, zapatos y los fines de semana me saca a pasear.
A lo que la otra contesta:
Aaaayy, pues a mí lo que me saca mi marido es la M.
¿ Cómo?, dice la amiga.
Sí, contesta, me saca la M, ahora no me dice Mirtha, sino Irtha.
Erase una vez una señora que vivía desde hacía cinco años cerca de un circo, entonces el dueño del circo le pregunta:
Señora, ¿Le ha afectado que el circo este aquí más de cinco años?
La señora responde:
Para nada, nara, nara, nara, nara, nara, nara, nára, nára, nára, narana.
Una mujer llega donde el pastor de su iglesia, y comienza a contarle de sus terribles dolores de cabeza, por casi una hоrа, grita, llora, gime y describe, соn lujo de detalles, el dolor que está sintiendo en ese instante y lo terrible que es su vida sufriendo tanto.
Súbitamente, exclama, embargada de emoción y transida de fe:
¡ Alabado sea el Señor! ¡Pastor! ¡Milagro!, su sola compañía me ha curado, se fue de repente el dolor.
No, señora, no se fue, el que lo tiene ahora soy yo.