La Sra. Donovan estaba caminando por una calle de Dublín cuando se cruza соn el padre Rafferty.
El padre le dijo:
- ¡Muy buenos días! No es usted la Sra. Donovan a quien case hace dos años?
Ella contestó:
- Efectivamente padre soy yo.
El sacerdote preguntó:
- ¿Y no han tenido niños aun?
Ella respondió:
- No padre, aun no.
El padre dijo:
- Bueno, yo estoy yendo para Roma la semana entrante así que prenderé una vela por usted y su esposo.
Contestó:
- Oh padre, muchas gracias.
Y ambos siguieron su camino.
Años más tarde se encontraron nuevamente. El sacerdote preguntó:
- Sra. Donnovan ¿cómo se encuentra usted ahora?
Ella contestó:
- Muy bien padre.
El padre preguntó:
- Por favor dígame, han tenido niños ya?
Ella respondió:
- Oh sí padre, 3 pares de mellizos y 4 criaturas más. En total 10.
El padre dijo:
- ¡Bendito sea el Señor! ¡Que maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?
Ella contestó:
- ¡ Camino a Roma a ver si puede apagar la vela que usted prendió!
Michael the Dragon Master was an official in King Arthur's court. He had a long-standing obsession to nuzzle the beautiful Queen Guinevere's voluptuous вrеаsтs. But he knew the penalty for this would be death.
One day he revealed his secret desire to his colleague, Horatio, who was the King's chief physician. Horatio said "I can arrange it, but I will need 1,000 gold coins to pay bribes."
Michael the Dragon Master readily agreed.
The next day Horatio made up a batch of itching lotion and poured a little of it into the Queens вrаssiеrе while she was taking a bath. Soon after she dressed the itching commenced and grew in intensity.
Upon being called to the royal chambers, Horatio told the King that only a special saliva, if applied for four hours, would cure this type of itch, and that tests had shown such a saliva was only to be found in Michael the Dragon Master's mouth.
King Arthur summoned Michael the Dragon Master and issued the imperial command. Michael the Dragon Master slipped the antidote to the itching lotion, which Horatio had given him, into his mouth and for the next four hours worked passionately on the Queen's magnificent вrеаsтs.
Satisfied, he returned to his chamber and found Horatio demanding payment.
However, with his obsession now satisfied, he refused to pay Horatio anything and shooed him away, knowing that Horatio could never report this matter to the King.
The next day, Horatio slipped a massive dose of the same itching lotion onto King Arthur's loincloth. And Michael the Dragon Master was again summoned by the King.
Moral of the story: Pay your bills.
Un hombre estaba harto de tener que ir a trabajar todos los días y que su esposa se pudiera quedar en casa.
Quería que ella viera por lo que él pasaba todos los días, así que rezó:
“Señor: Yo voy a trabajar cada día, durante 8 horas mientras mi esposa se queda en la casa tranquilamente.
Quiero que ella sepa por lo tengo que pasar todos los días, entonces permíteme cambiar de cuerpo соn ella por un día.
….. Amén”
Dios, en su infinita sabiduría le concedió el deseo al hombre.
A la mañana siguiente, se despertó como mujer.
Se levantó, hizo el desayuno para su cónyuge, despertó a los niños, sacó su ropa para ir colegio, les dio el desayuno, empaco los almuerzos, los llevo al colegio, volvió a casa, recogió la ropa para la lavandería y la llevo.
En el camino paró en el banco a hacer un retiro y fue al supermercado a comprar víveres.
Entonces regreso a casa, guardo los víveres, hizo los cheques para pagar las cuentas y cuadró la cuenta del banco.
Limpio la caja del gato y baño al реrrо.
Para entonces ya era la 13:00 y corrió a hacer las camas, puso la ropa sucia en la lavadora, sacudió, aspiró, lavó el baño, barrió y trapeo el piso de la cocina.
Salio corriendo a recoger a sus hijos en el colegio, y tuvo una discusión соn ellos de vuelta a casa.
Sacó leche y galletas para lo niños y los organizo para que hicieran las tareas.
Puso la tabla de planchar y se puso a planchar mientras veía la televisan.
A las 4:30 empezó a pelar papas, lavar las verduras para la ensalada, adobó la carne, y puso el arroz a cocinar.
Cuando su cónyuge llego preguntando por la comida, ésta ya estaba lista y servida.
Después de comida, limpio la cocina, lavó los platos sucios, sacó la ropa de la lavadora y la puso a secar.
Baño a los niños y los acostó.
A las 9 p. M estaba exhausto aunque no había terminado todavía sus quehaceres, se fue a la cama donde estaban esperándolo para hacer el amor, lo cual logró hacer sin quejarse.
A la mañana siguiente se despertó e inmediatamente se arrodillo al lado de la cama y dijo,
“Señor, yo no sé qué estaba pensando.
Estaba muy equivocado el envidiar a mi esposa por poder quedarse en casa todo el día.
Por favor Señor, por favor, vuélvenos a cambiar”.
El Señor en su infinita sabiduría contestó:
Hijo mío creo que has aprendido la lección y será un placer para mi volver las cosas a como estaban antes.
Sin embargo, vas a tener que esperar nueve meses. “Anoche quedaste embarazado”