Una pareja de recién casados pasan su luna de miel en una casa en las afueras de la ciudad, cuando en mitad de la noche son sorprendidos por extraños ruidos y luces multicolores que vienen desde el jardín.
Se levantan sin ropa, como estaban, y ven que hay una nave de la cual descienden una pareja de seres de otro planeta, muy similares a ellos aunque un poco más espigados y cabezones.
Los visitantes explican que vienen en una misión de intercambio, y los recién casados los invitan a seguir a su casa.
Después de una animada conversación y unos cuantos cócteles venusinos, los terrícolas aceptan hacer el intercambio (de parejas) propuesto por los visitantes.
Cada uno de los varones va y se acuesta соn la pareja del otro. Al otro día, una vez que los extraterrestres se han ido, los recién casados se sientan a contarse las experiencias vividas la noche anterior y la primera en hablar es la dama:
- En un principio -dice ella- sentí un poco de decepción y risa al ver que el tamaño del órgano reproductor del marciano parecía el de un niño de 5 años, pero inmediatamente él, me explico que el tamaño lo podían acoplar solamente torciéndose las orejas en rosca izquierda o derecha, según la exigencia de la pareja. Fue así como en segundos llegamos a "ese" tamaño que yo deseaba y la pasamos de maravilla. ¿Y a ti, como te fue?
-¡ Mal! -contesta el hombre tirándose de espaldas en el sofá- Yo creí que esa marciana se había vuelto loca, porque estuvo desesperada toda la noche ¡TORCIÉNDOME LAS OREJAS!
La Sra. Donovan estaba caminando por una calle de Dublín cuando se cruza соn el padre Rafferty.
El padre le dijo:
- ¡Muy buenos días! No es usted la Sra. Donovan a quien case hace dos años?
Ella contestó:
- Efectivamente padre soy yo.
El sacerdote preguntó:
- ¿Y no han tenido niños aun?
Ella respondió:
- No padre, aun no.
El padre dijo:
- Bueno, yo estoy yendo para Roma la semana entrante así que prenderé una vela por usted y su esposo.
Contestó:
- Oh padre, muchas gracias.
Y ambos siguieron su camino.
Años más tarde se encontraron nuevamente. El sacerdote preguntó:
- Sra. Donnovan ¿cómo se encuentra usted ahora?
Ella contestó:
- Muy bien padre.
El padre preguntó:
- Por favor dígame, han tenido niños ya?
Ella respondió:
- Oh sí padre, 3 pares de mellizos y 4 criaturas más. En total 10.
El padre dijo:
- ¡Bendito sea el Señor! ¡Que maravilla! ¿Y dónde está su amante esposo?
Ella contestó:
- ¡ Camino a Roma a ver si puede apagar la vela que usted prendió!