Últimos chistes divertidos

Una viejita estaba caminando por la calle, arrastrando dos grandes bolsas plásticas de ваsurа, una en cada mano.
Una de las bolsas tenia un hueco y de vez en cuando un billete de 20 pesos salía de la bolsa y caía en la vereda.
Viendo esto, un policía la para y le dice:
- Señora, hay billetes de 20 pesos saliéndose de esa bolsa.
- Caramba dice la viejita, "Tengo que volverme para recoger los billetes, gracias por avisarme".
- Un momentito, dice el policía... no tan rápido. ¿De dónde sacó usted todo ese dinero? ¿Se lo ha robado?
- Oh no, dice la viejita, el terreno de atrás de mi casa, da para el estacionamiento del estadio de fútbol, y cada vez que hay un partido y los hinchas quieren orinar, antes de entrar o salir del estadio, ellos se paran enfrente de los arbustos que dan para mi casa, y orinan en mis flores que acabo de sembrar
Entonces, yo me paro detrás de los arbustos соn unas tijeras bien grandes, y cada vez que alguien se pone en los arbustos para orinar, yo le digo:
¡ Deme 20 pesos o se lo corto!
Dice el policía,
-¡ "oiga no está mala la idea" Buena suerte!
Y dígame, ¿ qué hay en la otra bolsa?
- Bueno, dice la viejita, ¡¡No todos pagan!!
Alfredo había sido invitado por primera vez a cenar соn la familia de su novia, así que pensando en si la chica "caía" luego de cinco largos meses, pasó por una farmacia para comprar un preservativo.
Le dice al farmacéutico:
- Oiga, déme un preservativo que esta noche ceno соn la familia de mi novia, y después de la cena quiero intentar... Usted ya sabe.
El farmacéutico va a buscar el preservativo, pero Alfredo piensa y dice:
- Pensándolo bien déme dos, porque mi chica tiene una hermana menor que no está nada mal, y es una fácil en todo el barrio...
El farmacéutico lo atiende, pero de nuevo Alfredo se corrige y dice:
- Bueno mejor déme tres, porque la madre es una loba que le pones los cuernos a su marido, y está muy buena para su edad.
Cuando llega la hоrа de la cena, Alfredo se la pasa соn el cuello de la remera subido, sin quitarse el gorro y соn la cabeza gacha. Cuando terminan de comer, su novia le dice:
- ¡Alfredo, no pensé que fueras tan tímido!
- Ni yo que tu padre era farmacéutico