Mejores chistes para reír

¿ Cómo hizo el gallo viejo para sobrevivir a todos los jóvenes?
Un granjero sale de compras y regresa соn un gallo joven para las gallinas del corral.
El gallo joven mira a su alrededor, camina hasta donde esta el gallo viejo y le dice:
- Bueno viejo, llego la hоrа de retirarte.
El gallo viejo le dice:
- Vamos, no me digas que tú vas a poder соn TODAS estas gallinas.¡Mírame a mí! como me han dejado... ¿Por qué no me dejas aunque sea aquellas dos gallinas viejas que están en el rincón?
Pero el gallo joven le contesta:
- Piérdete viejo. ¡Tú ya estás acabado! y ahora soy yo quien está a cargo.
El gallo viejo le contesta:
- Hagamos una cosa, jovencito. Vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda соn el control absoluto del gallinero.
El gallo joven se echa a reír:
- Vamos viejo, tú sabes muy bien que vas a perder. Pero para no ser injusto te voy a dejar que salgas primero.
El gallo viejo arranca a correr. A los 15 segundos, el gallo joven sale corriendo detrás de el. Le dan la vuelta al portal de la casa corriendo y el gallo joven cada vez está mas cerca. Ya está a sólo 5 pulgadas detrás del gallo viejo y cada vez se le acerca más.
Mientras tanto el granjero, sentado en su sitio de costumbre en el portal, ve a los dos gallos que pasan corriendo. Agarra la escopeta y -BOOM- le dispara al gallo joven y lo hace trizas.
El granjero tristemente sacude la cabeza y dice:
- ¡Pero que suerte la mía! ¡El tercer gallo маriсón que compro este mes!
Moraleja de esta historia:
No te metas соn los VIEJOS. La edad y la experiencia siempre le ganan la partida a la juventud. LAS CANAS SE RESPETAN
Un hombre mayor, italiano, que vivía en las afueras de Nápoles, fue a la iglesia local a confesarse.
Cuando el sacerdote abrió el tablero del confesionario, el hombre dijo:
- Padre... Durante la Segunda Guerra Mundial, una mujer bonita golpeó a mi puerta y me pidió que la escondiera del enemigo. Así que yo la escondí en mi altillo.
- ¡Esa fue una cosa maravillosa que has hecho, hijo -contesta el sacerdote- No tienes la necesidad de confesar eso.
- No Padre, es que ella empezó a agradecerme соn "favores sexuales".
- Estando en gran peligro y bajo esas circunstancias, dos personas pueden estar muy tentadas a actuar así. Pero si lo sientes verdaderamente, estás perdonado de hecho.
- Gracias, Padre. Esa es una gran carga que le saca a mi alma. Pero tengo una duda más.
- ¿Y cuál es, hijo?
- ¿No cree que debería decirle que la guerra ha terminado?